pincha en + para abrir la barra___
+
Blog Publico, El blog donde todo el mundo puede escribir _______ ¿Como escribir?
Ultimas 10 ¿Que es esto? ¿Como escribir? Enviar pings Enlazanos e-mail XML RSS

domingo, abril 23, 2006

Caos. Capítulo 8. Una historia by Jerx


Caos.

Capítulo 8.
“3 CAMINOS”.

-Mamá…
-¡Déjame tranquila!, esto me hace bien…

-Fatox… dime qué es lo que está pasando. Dime quién eres… dime por qué nosotros… dime… ¡dime por qué mierda nos está pasando esto a nosotros!, ¿qué es lo que quieren?, ¿qué está pasando Fatox?- Abel sollozaba, estaba muy nervioso, ni siquiera podía sostener bien su teléfono móvil.
-No te entiendo… ¿por qué estás tan alterado? Tienes una facultad que muchos desearían tener.
-¡¿Quién eres?!
-No te puedo decir.
-Entonces explícame qué es todo esto. ¿Quién juega con nosotros de esa maldita manera?
-Abel, primero que todo tranquilízate. ¿Qué te pasó? ¿Algo salió mal?…
-Muchas cosas salieron mal. Si tan sólo me hubieras ayudado… Está muerta… está muerta hueón… y no sé que hacer… no pude hacer nada…

En el capítulo anterior…

Abel se encuentra con Manuel, el que fue psicólogo del colegio Rennes, el cual lo invita a comer algo por lo solitario que aparenta estar. Mientras come, Abel sufre uno de sus viajes al pasado, vuelve a la noche del año nuevo. Pero esta vez algo varía, algo que poco a poco estará dejando sus frutos más a la vista. Más tarde, cuando llega a su casa, nuevamente decide viajar a esa noche, encontrándose con un oscuro secreto de su madre…

Tras volver a incorporarse, Abel fue a tomar una bebida gaseosa para refrescarse. Lamentó lo que vio, su madre era una drogadicta, pero, ¿desde cuándo? Ya no sabía nada, tantos cambios de seguro ya no dejaron el presente igual, ese presente que no conoció, porque con seguridad, todo era un daño irreversible, y aunque volviera y dejara todo perfectamente igual a como era antes, ya nada sería lo mismo. Intentó recordad cuantos eran los regresos que había sufrido…

“El primero, obviamente fue el que vino después del choque. El segundo… cuando me atropellaron, el tercero… me parece que fue en la casa de mi abuela, ahí tuve dos… pero… ahora que lo pienso bien, el tercero fue el más extraño, porque yo nunca estuve en la casa en ese momento, yo todavía no llegaba… aunque, lejos, el cuarto fue el más inquietante… alguien había regresado antes que yo a provocar la muerte de mi tía, así no nació Carla... ¿y qué habrá provocado eso?, que yo debí haber pasado solo más tiempo que en la realidad. Entonces ahora debo ser más autista… ni siquiera debo tener amigos…” Abel caminó hacia su patio, miró el cielo estrellado y continuó reflexionando… después de 5 o 6 minutos decidió ir a acostarse, al día siguiente debía asistir a su primer día de clases. Mientras estaba en su cama, recordó de forma inevitable lo que había pasado en el reciente regreso al pasado, lo que pasó entre él y su prima, algo que “…no debió haber pasado, no sé porque hice eso… ¡debí haberme controlado!... ¿o no?, tal vez no es tan malo, quizás no pase nada y solo se quede como un buen recuerdo”.


“Abel…”
“¿Quién es?”
“Tienes que ayudarme Abel… tú puedes descubrir la verdad de lo que sucedió, tienes todas las herramientas para hacerlo…”

Abel estaba rodeado de niebla, una sombra lejana se acercaba hacia él, traía algo arrastrando, eso sí, trataba de hacer el mínimo ruido posible. El entorno le era muy familiar, Abel decidió quedarse esperando para poder ver bien a la persona. Era un hombre, eso quedó claro. Lamentablemente, debido a la cercanía, el tipo pudo ver a Abel lo suficiente como para poder identificarlo. No tuvo otra alternativa más que escapar, con seguridad era testigo de un homicidio, y el asesino no tendría pudor en quitarle la vida a otro más.

-Este es el colegio Rennes…que extraño.

Mientras Abel iba camino al colegio, junto a Juan, extraños recuerdos iban y venían, también una sensación muy extraña le sacudía permanentemente. El ruidoso medio de transporte no dejaba escuchar lo que Juan tanto transmitía, algo sobre un libro que había leído que le había gustado tanto. El autor de dicho libro era José Zorrilla.

-Si te gustó ese, te recomiendo el de Tirso de Molina, es mucho mejor según mi opinión. –Después de que ambos silenciaran unos segundos, Juan prosiguió a seguir la conversación con un tema diferente.
-¿Por qué no llamaste en las Vacaciones?, ni siquiera te apareciste por el Messenger, andaba’i desaparecí’o. –Abel miraba por la ventanilla del autobús, absorto en pensamientos mucho más importantes.
-Estuve ocupado.
-¿Haciendo qué si se podría saber?
-Nada… nada importante.
-Puras hueás… -Se bajaron, caminaron unas cuadras y llegaron al establecimiento educacional. En realidad, lo menos que podía ser ese recinto era educacional, era el peor liceo del puerto, no diré el nombre para no desprestigiarlo, ni la ubicación para que los que puedan inferir no logren hallarlo. Apenas entraron el ambiente era distinto, Abel se sintió tan incómodo con las tantas miradas que le rodeaban, y al ver que se quedaba solo, pues Juan iba a saludar a sus verdaderos amigos, se sintió mucho peor. Tanto flaite en un mismo lugar, ya Abel no podía pensar en nada más que en lo horrible que sería ese nuevo año, en lo mal que lo pasaría. Fue inmediatamente al baño, el nerviosismo le dio ganas de orinar. Mientras tiraba la cadena, unos incómodos ruidos y gemidos le llamaron la atención. Quedó paralizado, se lavó las manos con nerviosismo, y luego vio salir del baño a una pareja de homosexuales, seguramente de cuarto medio, tomados de la mano y agitados, con el cabello desordenado y contentos. Por simples prejuicios, a Abel eso le asqueó tanto, pero tuvo que disimular y salir lo más silencioso posible.


Se dirigió a la que sería su nueva sala de clases, estaba inmunda, llena de tags y con mucha basura en el suelo, y eso que era el primer día. Se sentó más nervioso que nunca, casi tiritando, y con la vista clavada en un punto fijo para disimular. Alguien le pregunto como se llamaba, lo dijo con una voz poco audible, así que lo tuvo que repetir. Por lo que notó, la que le dirigió la palabra era nueva, pero claramente con una mayor personalidad y carisma. Después del típico discurso del primer día de clases, al volver a su sala, llegó el momento que más odiaba… cuando tenía que presentarse a todos los demás, a sus compañeros y a su profesor jefe…
Risas, muchas risas…

-Eso te pasa por pronunciar mal tu nombre, te dije que aquí tienes que dar una buena impresión altiro, ya no va’i a poder cambiar tu imagen nunca más en el curso. Te agregaste a la lista de los pernos.
-¡¿Por qué mierda mi mamá me puso en este colegio?!
-Liceo, que no se te olvide. –Era la hora del recreo, Juan comía una barra de chocolate y acompañaba a su compañero por simple compasión. “No lo puedo dejar solo, igual sigue siendo mi amigo”.
-Así que ella también es nueva. –Dijo Abel señalándola disimuladamente.
-Sí, y está bien rica… ¿Abel, qué te pasa?


Tenía una pistola en la mano, no sabía porque, pero la tenía. En frente de él estaba tirada en el suelo, llorando, Maribel. Estaba desnuda y se veía maltratada, alguien la había golpeado con mucha ira. Era un lugar muy oscuro, se oía que había tránsito vehicular cerca. Miró para todas partes, ¿dónde estaba?, no lo sabía. De pronto, sintió algo frío penetrar en su pecho… luego vio como perdía sangre y como se esfumaba poco a poco su vida, mientras Maribel recibía un disparo también. Ella murió primero que él.

-¡¡Qué te pasa weón!!

“Despierta”
“¿Qué fue eso?”
“Sólo hazlo, abre los ojos”

Todos sonreían. Después de que se apagara la luz, los invitados comenzaron a cantar un “cumpleaños feliz” bien desanimado. Pedían que apagara la vela, un número 10… Abel accedió, por supuesto que después de haberse adaptado al contexto. Aplaudieron, pero la fiesta demostraba ausencia…

-Nada… no me pasa nada.
-¡¿Cómo que nada weón?! Si tenía’i los ojos blancos… como si te fuera a dar un ataque o algo así.
-No es nada… -Mentira. Era mucho, era lo peor que le había pasado, además de sentirse terriblemente agotado tenía una sensación peor que la que traía al inicio, ahora sentía como si trajera un peso consigo, algo verdaderamente desagradable. Se le sumaba una angustia y unas ganas de llorar indescriptibles. Eso no fue un regreso, fue como una…

-¿Premonición?
-Exacto. No entiendo bien, pero fue como una premonición. –Fatox hablaba con una voz preocupada, no le gustaba nada lo que estaba escuchando.
-Mira, ahora estoy ocupado tratando a un paciente, después te llamo. –Cortó. Abel quedó preocupado, algo malo iba a pasar, y estaba envuelta en esto Maribel. “No la he visto desde aquel día, debe estar enojada conmigo. ¿Qué hago?” Además de haber tenido ese día agotador en el colegio, se encontraba exhausto por tener que lidiar con esa fuerza omnipotente que lo perseguía en cada uno de sus movimientos. Lo peor era que debía mover mejor que nunca sus piezas, esta vez no había vivido lo que debía revertir. “El máximo problema es el Caos…” De pronto, percibió que encima de la mesa del comedor había algo que antes no estaba. Apareció de la nada. Era una carta, estaba escrita con la misma letra que con la que escribe Abel, algo bizarro. No recordaba haberla escrito, la leyó:

“Encima de tu cama está el arma. Úsala para salvarla… porque aunque el Destino no lo quiera así, ella debe vivir…

PD: El camino más largo no siempre es el más confiable.”

Bien extraña la cuestión, Abel se cambió la ropa, miró su cama, y precisamente había una pistola sobre ella. La iba a tomar, pero después seguramente debió haber pensado que no era la mejor opción. Le dijo que saldría a su madre, quien ahora estaba en la casa porque había dejado de sentirse motivada con el trabajo. Ella, despreocupada, ni siquiera lo oyó. Él se fue al paradero, tomó el bus, y se fue a la casa de su amiga.


Fatox caminaba pensativo por su consulta, la clínica no había quedado nada mal.

Abel no podía perder el tiempo en subir caminando, tuvo que tomar un colectivo. La dirección de la nueva casa de Maribel se la había mandado ella misma por correo electrónico, para que la fuera a visitar. También recibió llamados, pero él no quiso contestar, ¿por timidez, por crueldad? Ahora que Maribel vivía en Recreo cierta envidia surgió en su interior, él seguía viviendo en Cordillera, una desgracia para él. Mientras se acercaba, él la llamaba insistentemente por teléfono para ver si la podía encontrar antes de que se desatara el infierno. “Ni siquiera estoy seguro de lo que va a pasar… estoy caminando sin saber donde debo llegar.”

Cuando Abel escuchó el “todavía no ha llegado” que le dijo la mamá de Maribel, y el “estamos muy preocupados porque ella no llega tarde” que le dijo el papá después, obviamente le preocupo más. Salió desesperado, recorriendo calles, que no conocía, y que yo también desconozco. Llamó a Fatox, pero no contestaba. Luego, en medio de su caminata errante para lograr encontrar el sitio que vio en su premonición, se topo con una mina de unos 17 o 18 años, que le dijo lo siguiente:
-No la busques más Abel, ella debe morir hoy.
-Pero… ¿quién eres tú?

Abel se subió al autobús despreocupado, pero con muchas lágrimas en su cara. La reciente muerte de su abuela le había impactado muchísimo. Junto a su madre, se sentó cerca de los últimos asientos. Su tío iba atrás, con una joven de unos 17 o 18 años de edad. Él la miraba mucho, era bien caliente el viejo. 10 minutos después, el autobús impactó, dándole muerte a varios… entre ellos, a Abel y su tío…

-Te recuerdo… tú ibas en el bus que chocó, sentada al lado de mi tío. Entonces… tú debes estar detrás de todo esto de los cambios repentinos que ha habido en mi vida sin que yo hiciera nada. –Dijo Abel, con un tono que demostraba furia.
-Esos cambios debían ocurrir, no puedo descansar en paz hasta que tú y los demás que están jugando con la Historia mueran.
-Entonces tú representas algo así como la fuerza del Destino.- Dijo el muchacho, basándose en nada más y nada menos que en fundamentos de la extinta serie “Tru Calling”.
-Nada que ver, yo debo hacerlo porque me conviene. Ahora ándate, antes que termines muriendo donde no debes.
-¿No querías que todos murieran?
-Sí, pero en otras circunstancias. Todavía sirves de algo. Pero no para salvar gente… tú no naciste para héroe, no dejes que la ficción te nuble las pocas neuronas que trae tu mente de hombre.
-Ya sé que es lo que debo hacer… regresar…
-Que estupidez… ¡Hazlo, no lograrás nada!

-¿Y tú… cómo te llamas?
-Abel Cienfuegos…

-Bien, eso demostró firmeza, así disimulaste lo perno.
-Así que ella es nueva, está bien rica.
-Oye… tú nunca dices eso… ¿te pasa algo?
-No, es que me cayó muy bien cuando le hablé.
-¿Ya le hablaste? ¿Estás seguro que estás bien?


A la salida, Abel se topó nuevamente con la chica nueva. Era demasiada coqueta, Abel terminó tartamudeando de todos modos. Además, Juan ya la había declarado de su propiedad y dijo que como era su amigo, no debía estorbarle el paso. Sin embargo, la belleza de ella lo dejó atolondrado, y no pudo sacársela de la cabeza.


-Que imbécil de tu parte haber revivido el día entero, ¿por qué no mejor empezaste desde que ya habías llegado a tu casa? –Abel, antes que entrara a su home, sintió esa voz a sus espaldas. Se llenó de odio, ¿quién era ella?, ¿por qué él iba a ser útil para sus propósitos?
-¿Qué quieres de mi?
-Necesito que me ayudes…
-¿Para que?
-Para matar a los demás que están interfiriendo con nosotros.
-¿No estarán interfiriendo con tus propósitos solamente?-Dijo Abel.
-Debes saber que cada acto que hacen ellos, interfiere con nuestro presente. Por lo tanto, te incumbe tanto a ti como a mí.-dejó en claro la desconocida.
-Aunque sean mis enemigos, no llegaría al punto de matarlos. –Entró a su hogar, definitivamente la odiaba. Ésta vez no llamó a Fatox, comió el almuerzo que su mamá había cocinado, se lavó los dientes, se cambió la ropa, cogió la pistola. Mientras se dirigía a tomar un bus, llamó por celular a su amiga. Maribel contestó… un suspiro de alivio ablandó la carga. Le pidió que por favor lo esperara a las afueras del mall. Maribel aceptó. “Quizás no tenga que usar esto que llevo oculto, quizá nadie deba morir, por lo menos nadie que conozca”. Claro, como si fuera a protegerla eternamente, algún instante ella quedaría sola, ¿no?

Fatox caminaba por su consulta sorbiendo una taza de café, pensaba en los problemas que le había contado su paciente anterior.

Maribel esperaba ansiosa a Abel. Cuando lo vio llegar, lo encontró más atractivo que nunca, ¿se había vestido tan bien por ella? El bullicio que transmitía el Mall se apagaba en su mente, sólo para oír lo que él decía. Mientras comían algo de comida rápida, el le hablaba cosas sobre las vacaciones, sobre su primer día de clases. Ella relataba lo genial que encontraba su nuevo colegio, y lo aburrida que fueron las Vacaciones. No hablaron nada sobre ese beso que quedó guardado, tampoco se insinuaron amor, de todos modos, ella percibía el cariño que Abel le daba, y sabía que algún día ellos serían algo más que amigos. También le mezcló cosas sobre esa locura de los viajes en el tiempo, ella mentía tan bien que él le creía que ella creía. Cuando se hizo de noche, y después que vieron muchas tiendas de ropa, él dijo que la llevaría a su casa, para que no le pasara nada.

Abel estaba condenadamente nervioso, habló puras hueás con ella para no demostrar lo terrible que se aproximaba. Sintió afecto por ella al verle con vida, y no desnuda y con un disparo en la cabeza. Tal era la preocupación que él mismo la acompañaría a la casa. Todo bien, ella entró, seguramente la familia se debió haber preocupado, pero ella llegó sana y salva al menos. Abel se relajó demasiado, por eso fue que su corazón se estremeció cuando oyó a Maribel dar un fuerte grito. Y lo peor es que no tenía manera de ver lo que pasó, la puerta que da a la calle era inadmisible, tampoco podía escalar la muralla… había perdido nuevamente, el peligro estaba dentro ahora…

Tras terminar de conversar con Andrea, así se llamaba la nueva, Abel se dirigió corriendo a su casa. Tomó la pistola, no almorzó ni se cambió la ropa. Llamó a Fatox:

-¿Una premonición?
-Sí, este fue un viaje al futuro, era distinto a los otros.- Fatox se silenció, pensativo.
-Mira, ahora estoy ocupado tratando a una paciente…
-No cortes… en realidad necesito tu ayuda…
-Después te llamo.

También llamó a Maribel, le dijo lo mismo que la vez pasada, pero que iba a ir a su casa. Ella le expresó a Abel que no tenía ganas de estar en la casa, que había muchas peleas últimamente. “De cualquier forma, ella iba a llegar tarde a la casa. La primera vez, cuando fui a verla a la casa y no estaba… debí haberla esperado… pero que imbécil”. Abel insistió, el pretexto era que quería conocer su casa. Ella accedió, si iba a estar él nada malo pasaría, supuestamente. Cuando llegaron a la casa, el ambiente se veía muy extraño. La pieza de Maribel era acogedora, pero lo inquietante que sonaban unas constantes controversias y desavenencias en el primer piso no dejaba que conversarán en paz. De todos modos, sostuvieron conversa durante mucho rato para dejar fluir el tiempo.

-¿Por qué no te cambiaste la ropa?- Abel seguía con el uniforme.
-No tuve tiempo para cambiármelo. Tenía muchas ganas de venir a verte. –Las peleas continuaban.
-Es mejor que vaya a ver qué es lo que pasa. –Dijo inquieta Maribel.
-No, no, no te preocupes, voy a ver yo.
-¿Tú?, pero nada que ver… - A Abel no le importó que fuera incoherente que él fuera a ver lo que pasaba, simplemente obedeció su impulso. Abel, antes de partir, miró hacia atrás a u amiga. Su rostro denotaba nerviosismo, encubría sus sentimientos mirando un programa de televisión frívolo que nunca le había gustado. Le miro sus ojos, sintió un poco de pena… la besó, no sabía por qué, pero la besó.

Sabía que ese sería el momento que estaba esperando, en cualquier instante saldría el asesino al ataque. Se dirigió al comedor, ni siquiera habían servido la once, y ya eran como las 20:00 hrs. Ahí estaban, en el suelo los cadáveres de la mamá y el papá de Maribel. Tenían un profundo corte en el cuello. Abel se horrorizó, el pánico lo dominó. No sabía que decirle a Maribel, y si el asesino estaba cerca, ¿sería él capaz de defenderla? Cayó al suelo, alguien le había golpeado la cabeza… un descuido como ese le costó mucho…demasiado.

Despertó en un lugar hediondo a humedad, y con muy poca luz. Sentía llantos, frente a él estaba Maribel… con alguien. La estaban violando, sólo ver esa imagen un trauma quedó permanentemente grabado en su subconsciente. Lo peor era que quien la violentaba era el hermano mayor de ella, ¿qué locura habrá provocado todo?, ¿cuál era la razón? No importaba, no importaba en lo más mínimo, lo que menos quería era justificaciones, quería matarlo… no podía dejar con vida a una persona como él. Bajo la falsa imagen de buena persona, y su afán intelectual, el hermano de Maribel escondía una doble vida. Abel se levantó, rápidamente sacó su pistola… él sabía porque la tenía ahora. Le disparó, un certero balazo en la cabeza… el maldito murió al instante. Entonces esa imagen se repitió… ella, llorando y lastimada con su cuerpo desnudo… él teniendo una extraña sensación después de matar a alguien. Pero entonces recordó… que recibía un disparo por detrás… el hermano de Maribel no era el único… se dio vuelta, alguien estaba allí. Era un tipo que nunca había visto, como de la misma edad que el imbécil que falleció…el cómplice disparó… la bala impactó con Maribel, quien dio un grito desgarrador. Abel se llenó de ira, de furia, gritó… lo maldijo con miles de garabatos, mientras le disparaba sin cesar, y se quedaba sin balas. El cuerpo del desconocido había sido acribillado, pero con justa justicia. Pero ese desquite, no servía de nada, ella ya estaba muerta… y nuevamente… Abel no pudo hacer absolutamente nada…


-Hiciste lo mejor que pudiste Abel, ya ríndete.
-¿Cómo entraste aquí?- Preguntó, lleno de lágrimas Abel.
-Eso no importa. Mira bien Abel, esto demuestra lo difícil que resulta cambiar las cosas, no puedes contradecir al Destino solo.
-Yo ya tengo un aliado.
-Parece que no te ayudó mucho. –Abel se quedó callado, mirando el suelo, ella caminó por la pieza, miró los cuerpos inertes, y luego agregó:
-Igual, algo varío. Originalmente, esta casa debía incendiarse, y tú morir con ella. Sé que te sientes solo en esto, y que ambos nos podemos ayudar. Sólo tienes que aceptar que me necesitas. –Abel lloraba, un inmenso odio nació en él desde lo más interno de su corazón. Pateó el cuerpo del cómplice del homicidio... algo nuevo nació…
-¿Qué es lo que debo hacer? –Ella sonrió… Luego que le contará sus objetivos, el muchacho pidió que se fuera y que lo dejara solo. Cuando ella ya se había marchado, el tomó su teléfono y llamó a su patético aliado.

-Muchas cosas salieron mal. Si tan sólo me hubieras ayudado… Está muerta… está muerta hueón… y no sé que hacer… no pude hacer nada…
-¿Quién murió? –Preguntó extrañado y sobresaltado Fatox.
-Eso no importa… quiero saber tú verdadera identidad…
-No es obvio… -Aclaró Fatox. En ese segundo, Abel comprendió todo.
-Claro que es obvio… -Dijo antes de cortar el llamado.

Fin de la Primera Parte…




Chile/Literatura/Tras la mirada de Jerx


Posted by Anónimo | | Email post



Remenber Me (?)



All personal information that you provide here will be governed by the Privacy Policy of Blogger.


« Home | La deuda interna » //-->





Best pharma portal
All about cars and car insurance,

Googletestad monitor query,
Best ringtones,

Pussy Cat Doll

Posted by Anonymous Anónimo #  

~Oo°~

Post a comment :