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miércoles, noviembre 30, 2005

EL PODER Y LA GLORIA




Yo, Tito Labieno, antiguo Legado de Julio César en las guerras de las Galias, enderezaré el curso de la historia. Conozco a mi enemigo, he combatido con él. Gran parte de la fama de César se debe a mi esfuerzo. Pompeyo no confía plenamente en la victoria, pero en el fondo siempre fue un militar mediocre; de no ser por la traición, Sertorio le habría hecho fosfatina en Hispania. Yo, Labieno , lo tengo claro: después de una apabullante victoria, aquí, en Farsalia, será fácil ocupar el puesto que me corresponde por derecho.
Con mi caballería de más de seis mil jinetes, aplastaré el flanco de la Legión X de Cesar y el resto caerá como fruta madura. Todos los triunfos de ese engreído se deben más a la suerte que a su genio. Si en Alesia los Galos hubieran tenido un mínimo de cohesión, hoy no habría Julios. Pero su suerte, su maldita suerte y su secreto le protegen. Mañana las cosas serán distintas.
El enemigo es un lunático que se cree descendiente de Afrodita. El enemigo es un oportunista que hace que la virtud se amolde a sus intereses. Si hay que tener treinta años para ser Senador, el divino César no lo será antes. Si hay que tener cuarenta años para Pretor, el divino Julio no lo será antes. Pero cuando las cosas se tuercen y no se ajustan a sus designios, el gran Cayo las pervierte hasta que se acomodan a su capricho. ¿Cómo no puede ver nadie que ¡jamás!, ! jamás ! ha sido respetuoso con nada?. Siendo designado en su niñez como Flamen Dialis no tenía derecho a portar armas; se lo pasó por el forro. Utilizó a Craso y a Pompeyo a su antojo para su provecho. Sin la enorme fortuna personal de éstos, consiguió comprar a Tribunos de la Plebe para que vetaran cualquier disposición senatorial que no fuera de su agrado.
Siempre fue así: la propaganda, la hipocresía. Ya en su juventud cuando el Rey de Bitinia legó su reino a Roma, él y no su divino culo se atribuyeron el éxito. Sin embargo, por un falso rumor, me llaman felatriz; Julio, en cambio, es glorioso. Yo, Tito Labieno lo sé todo. Le he visto conquistar una nación para mayor renombre de su Dignitas, no de Roma. César deja un balance en las Galias de un millón de celtas muertos y otro de esclavos que lo hacen inmensamente rico. Por el bien de Roma, ¡mentiras!.
- El no darle en consulado "en absentia", quizás le otorgó una excusa para la guerra. - Decía un republicano, un Boni acomplejado, ayer mismo.
¡Imbécil!, César estaba preparándose para la guerra desde que machacó a los Helvecios. ¿Que otra cosa, si no el acopio de fondos para su rebelión, justificó toda la campaña contra los Galos?. Sus rivales eran inmensamente ricos, él, que se cree el de mejor linaje de Roma, el descendiente de Eneas hijo de Venus, no podía competir con ellos y en consecuencia llegar a lo que cree su destino. No paró hasta que toda la Galia estuvo en llamas. Aquel que estaba cercado por las deudas, no cejó hasta someterla y poder vender a su antojo a centenares de miles de los vencidos y obtener la fortuna con que pagaría sus legiones.
Es una mala bestia que cruzó el Rubicón el maldito día en que nació, el maldito día en que su madre conspiraba en la sombra para engendrar a una mixtura de cien Marios, cien Silas, cien Rómulos y la caída de Roma en la satrapía.
A mi me llaman animal cruel y sin escrúpulos, que siendo hostigado en mi cuartel de invierno por Induciomaro, me conformé con perseguir y dar muerte a éste. Cesar habría exterminado a su pueblo. Siempre fue un embaucador, un encantador de serpientes. Yo conozco su secreto. Su voz, la maestría para modular las palabras y cambiar de registro para cada circunstancia. Cicerón siempre tuvo una prosa más elocuente ( aunque igual de demagógica en ocasiones), pero es derribado por Cayo Julio en cuanto abre la boca. La prueba es que estando el honesto (hasta la nausea) Catón y Marco Tulio del lado del legítimo gobierno de Roma, damos la impresión de ser nosotros los pobres conjurados proscritos.

Un viento frío hace ondear la toga de Tito Labieno. Siente un estremecimiento desconcertante, una impresión de estar ante la Sibila o el Oráculo. Una presencia sobrenatural cambia el paisaje por donde pasea y medita el General.
- ¿Porqué te interpones en el camino de la Gloria, mortal?- Pronuncia estas palabras la Presencia.
- ¿Quién eres?, ¿acaso he caído enfermo en vísperas de la batalla?. - El terror está dibujado en su cara, no tanto por la aparición , como por el síntoma de indisposición para un enfrentamiento que no quiere perderse bajo ningún concepto.
- Soy Zeus, o si lo prefieres, Júpiter Óptimo... Mortal - una sonrisa gélida y burlona le hiela el espíritu.
- ¡No creo en los dioses, no creo en los ancestros divinos de César, no creo en la maldita leyenda de Ilion vomitada por aquel ciego falaz!. ¡Cunnus!, estoy delirando.
- Me importa un bledo, mortal. Lo cierto es que aunque sea tiempo de que la bruma descienda y confunda a los hombres, nosotros siempre hemos estado aquí. Y siempre estaremos. - Añade.
- No tiene lógica vuestra absurda mitología, sois un cuento. No existieron los Titanes, fuiste amamantado por una cabra con tanta veracidad como Rómulo y Remo lo fueron por la loba. Sois farsa, embuste, mentira y ...¡Por los testículos cuadrados de Cástor y Pólux!. ¡ Por el pódex ultrajado de una vestal viciosa!. Está claro, he cogido fiebres. - Se mesa los cabellos con desesperación.
- Puedes negar la evidencia cuanto quieras. Yo soy el amo y señor de los dioses. Soy el guardián y conocedor, tanto del presente como del porvenir. Veo la envidia y la mentira en tu cabeza con la misma claridad que Hefesto en su esposa Afrodita: madre de Eneas, megaabuelo de tu obsesión: Cayo Julio, - Hace una pausa para reflexionar, ríe y continúa - . Claro que el engaño es divertido: " Hefesto ( si lo prefieres Vulcano), no es lo que parece, estaba yo repantingada en el prado, cuando Ares ( para vosotros Marte) se cayo sobre mi. Como hacía calor, los dos habíamos salido al campo desnudos, en fin, que Ares es muy torpe y por eso se intentaba levantar y se resbalaba sobre mi repetidas veces."
- El chiste tiene la gracia de Catón en una orgía. Es tan jocoso como marcial es Marco Tulio. Y es tan real como tú, producto de la calentura. - Labieno retrocede unos pasos, roza con sus muslos un zarzal y notando el dolor y viendo la púrpura sobre sus cáligas, es presa del espanto; de la realidad. Trastabillando cae al suelo y se corta la muñeca con una roca muy afilada; va a desangrarse.
- ¡Qué blandos sois, mortales!, - Júpiter se rasga un dedo con una hoz de oro. El dorado Icor, su divina sangre, cae sobre la hemorragia de Tito restañándola de inmediato.
Los contornos de la campiña vuelven a serle familiares, le parece vislumbrar a Afranio camino de la letrina. Da un suspiro, se seca la frente y se le congelan las pelotas cuando oye:
- Mierdecilla, que te estoy hablando. - Júpiter está muy divertido - He matado a cuantos dioses y mortales me han importunado, no tientes al destino o traeré a las Parcas para que personalmente tejan tu mortaja. Vuelve a desairarme, gusano, y te precipitaré a las profundidades del Tártaro. - Todo esto dicho con una serenidad y sosiego espeluznante.
- ¿ Qué queréis de mi ? - se rinde Labieno.
- ¿Porqué difamáis a César?, ¿porqué le restáis méritos?, ¿ cómo osáis ser comparado con él? - la expresión de la divinidad es de suma sencillez.
- La suerte, la maldita Fortuna. Siempre le acaban saliendo las cosas de casualidad. Pero ahora, después de sus apuros en Dirrachium, los vientos han cambiado. Si yo tuviera la elocuencia, la voz y el timbre de ese mentecato, podría dar coraje a esas gallinas de los Boni, podría dirigir la República a donde se merece. - Las venas del cuello cobran el grosor de los pulgares.
- Si, puede ser que fuera potra. Sobrevivir a la suspicacia de Mario, a la arbitrariedad de Sila, a los piratas Cilicios, a las conjuras del Senado, a la acusación de apoyar la rebelión de Catilina, a los Helvecios, a Ariovisto, a los Nervios, a mayoría de los Galos confederados en su contra... Mi favorito, la toma de Alesia:
Vercingetórix sitiado por veinte mil romanos. Estos fortificados en un círculo en torno a la ciudad de más de diez millas. A su vez, los sitiadores rodeados - le da uno de sus ataques de risa - por más de doscientos mil Keltois. Resultado: Victoria absoluta y captura del caudillo Galo. Si Labieno, pura suerte, casualidad, como Marte cayendo repetidas veces sobre el solaz de Venus. - El arrebato no le permite seguir.
- Tiene éxito por que sabe venderse muy bien... ya desde los tiempos de efebo en Bitinia con Nicomedes el afeminado. Magnifica sus logros más allá de lo real y convierte sus derrotas es simples contratiempos ante los ojos de los crédulos con su pérfida oratoria. - Le tiembla la mandíbula.
- Como te he dicho, puedo ver el futuro mejor que la Sibila. Te lo puedo mostrar sin crípticos mensajes ni trampas pírricas ni casándricas. ¿Quieres ver el futuro, Legado?.- enarca una de sus soberbias cejas.
- ¡Sea! - le desafía el mortal.
- ¡Muy bien!, vamos a divertirnos.
Labieno es levantado en vilo y montado en el carro volador de Júpiter. Desde el aire se ve a si mismo en la batalla. La superioridad numérica de los Pompeyanos, su bando, es aplastante.
- Mira Tito, sesenta mil de vuestros hombres contra veinte mil de César - le señala con el dedo un campo de batalla que desde la altura parece de juguete.
- No es verdad. Somos más, pero en proporción de cincuenta mil sobre cerca de treinta mil - se indigna Labieno.
- ¡Qué poco entiendes de historia!. General, lo cierto es que casi los dobláis en número, pero las cifras exactas quedan muy mal en los libros y peor en el corazón de los hombres. Lo que he dicho no es mentira, es más estético, mi ignorante animalillo.
La batalla comienza con la acometida frontal del ejercito de César. Este, dada su inferioridad numérica, es una línea mucho mas fina y algo menos compacta que el de Pompeyo. Las veteranas legiones de Cesar avanzan como un solo hombre. Las cohortes de los Boni , mucho más bisoñas, no mantienen bien la formación. Pompeyo ordena a esos inútiles que esperen a los Cesarianos; al menos quietos podrán mantenerse alineados. Entra en acción la caballería de Tito. Está claro y cristalino como el agua; flanquearán a la Legión X que Cayo Julio capitanea personalmente, y tras cundir el pánico, aniquilarán a su ejercito.
En mitad de la maniobra de la caballería, surgen de la nada unas cohortes que Cesar tenía emboscadas, los jinetes númidas del Legado se ven como el cazador cazado. Lo corriente, pánico y desbandada ecuestre. La pericia de los veteranos de las Galias hace temblar poco a poco a los novatos, virginales y torpes, pero abundantes, legionarios de Cneo Pompeyo. Finalmente, el ejercito del "verdadero pueblo de Roma" , es flanqueado y derrotado. Gran parte de los supervivientes se pasan al bando de Julio. Pompeyo, Labieno y sus secuaces, logran escapar.
- ¡No tenían fe!, los soldados de César estaban hechizados por esa culebra. ¿Cómo le iban a hacer frente los nuestros si nos falta un liderazgo firme?. Si yo tuviera el poder de seducción de ese demonio, mis legionarios morirían antes que rendirse. En otras condiciones esta batalla estaría ganada. - se desespera Labieno.
Un giro brusco casi provoca la caída del General desde el carro de Júpiter. Con gran regocijo aumenta la velocidad en el tiempo y en el espacio. Labieno asiste horripilado a la doblez y falsedad de César, cuando con fingida indignación, hace decapitar a los asesinos de Pompeyo que le enseñan su cabeza pretendiendo complacerle. Está en Egipto y desde las alturas, con la misma certeza de que la historia lo inscribirá en las páginas de la Gloria, sabe lo que va a suceder. Las imágenes pasan rápido y Alejandría aparece en llamas al poco tiempo. Por supuesto, Julio, Divus Julio, triunfa sobre la ciudad, sobre el hermano alfeñique de Cleopatra, sobre la madre que los parió a todos juntos y encima la toma de amante. Y para postre es preñada, y para postre los greco-alejandrinos, los Judeo- alejandrinos y las fuerzas vivas lo adoran. Y si los augurios no son favorables y la peste diezma la ciudad, peor para los augurios. Mientras tanto los rampantes Bonis, el alma de la recta vía, intenta lamerse la heridas y rehacerse en la provincia de África, en el antiguo suelo de Amilcar y Anibal , en la cuna de la fama de Escipiones y Marios ; lápida de púnicos y Yugurtas.
Cesar quiere aplastar a los rebeldes de Africa. Desembarca con sus legiones camino de la Gloria.
- Mira Labieno, ¿no es fantástico?. Sabiendo Julio lo supersticioso que es su pueblo, cuando ha resbalado al desembarcar, se ha levantado con naturalidad, como si lo hubiera hecho queriendo y con la arena de la playa en sus puños ha dicho: - África, ¡ Ya eres mía!.
- Labieno ha visto claramente que se ha limitado a disimular como si se estuviera atando las cáligas, pero por no oír más discursos sobre la estética en la historia, se conforma con gruñir.
Los desastres se suceden, todo sale mal para los Pompeyanos ( que ya no tienen a Pompeyo). Útica, la capital, cae. El honesto hasta la náusea, Catón, se suicida a la romana. El rey Juba, mauritano que creía estar junto a caballo ganador, es derrotado. Labieno ( el del futuro ), vuelve a escapar. La próxima cita, el último reducto de los Boni, se situará en Hispania.
- Como ves, Julio sigue teniendo "suerte". Lejos de mi intención insinuar que sois torpes - tono divinamente ultraburlesco de Júpiter - , es la fortuna.
- ¡Pues sí!, eso y su hipnótica influencia que convierte a sus hombres en juramentados fanáticos. ¡ Si yo poseyera ese don! . Veríamos en que quedaba el "genio militar" de ese fraude.
- Lo dices en serio, de verdad crees que si tuvieras su timbre, su registro, su misma voz y capacidad para modularla, las cosas serían sencillas. - El dedo del dios se levanta en señal de advertencia y desafío al mismo tiempo.
- ¡Seguro! , la voz de Cesar y, puestos a pedir, una sombra de tu potencia - bromea .
- ¡Bien!, cuando te canses de ver como los tuyos pierden sin parar, cuando estés harto de que vuestra incompetencia os lleve de desastre en desastre, tan sólo tendrás que apretar los puños, golpearte el pecho y deseo concedido. Una vez lo hayas hecho te irás materializando poco a poco entre los mortales, cuando seas visible, tu yo del futuro desaparecerá y ocuparás del todo su lugar.
Estamos en Hispania, las tropas de los hijos de Pompeyo y Labieno (el del futuro, no el que viaja con Júpiter) controlan la ciudad de Munda. La situación es ventajosa, están en la parte superior de la colina y pueden atacar a Cesar cuesta abajo. Poco a poco los Pompeyanos van envalentonandose y deciden acercarse al enemigo. El choque es brutal por ambas partes y durante horas de terrible esfuerzo, las fuerzas están muy igualadas. Pasado el tiempo, víctimas del cansancio y peor alimentación, un ala de César comienza a ceder. Labieno el observador, en su inconsciencia, le da con el codo a Júpiter, como diciendo: "mira, mira! . Júpiter, lejos de enfadarse, sonríe beatíficamente. No solo empieza a ceder un ala, sino que tropas de Pompeyo se separan del grueso para ir a flanquear a Julio César. Labieno el observador, no cabe de gozo.
- Ya lo estoy viendo - le dice a Júpiter -, el flanco de Cesar destrozado, el pánico y finalmente...- inadvertidamente, cierra los puños de puro gozo y se golpea el pecho, terminando su frase ...¡ el enemigo huye!. Una voz, que parece ser la de Julio Cesar, irrumpe en el campo de batalla con una potencia que parece sobrenatural. ¡El enemigo huye !, creen escucharle a Julio con una convicción fuera de duda. Las a punto de desmoralizarse, tropas cesarianas, toman por huida la maniobra envolvente del enemigo. Y luego lo peor, los Pompeyanos también lo creen, por lo que el miedo se contagia y pasan de la victoria a una derrota definitiva. Labieno ya se ha materializado del todo en un caótico campo de batalla con su ejercito en desbandada. Oye entre brumas una voz que dice: - Cuidado con lo que deseas...
No tiene tiempo de más, una espada le separa la cabeza del cuerpo. Termina la guerra civil de Roma. Esta vez sí: gracias a la suerte, Cayo Julio César vuelve a conseguir la Gloria.



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Posted by Anonymous valium1 #  

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